Un adolescente sale del colegio, guarda los útiles y mira Instagram o TikTok desde el celular. Entre un video y otro puede aparecer un influencer, una promoción o una invitación para jugar. No necesita buscar un casino ni conocer una casa de apuestas: el contacto puede empezar en una red social, continuar por WhatsApp y terminar en una plataforma sin controles visibles de identidad o de edad.

Ese circuito convive con el mercado legal y llega directamente a los teléfonos de los chicos. “Llegan con una fotito, con una tarjetita, con un mensaje de WhatsApp que te llega anónimo y te dicen: ‘¿Querés jugar?’”, contó Ignacio Sagra, uno de los referentes de Pálpitos, una casa de apuestas habilitada en Tucumán.

Según Sagra, las propuestas circulan especialmente por redes sociales y resulta difícil determinar su alcance. “Los mismos chicos que tienen celulares desde el colegio, desde la escuela, ya son muchas publicidades de páginas ilegales y les llega todo, les llega todo”, afirmó.

La exposición no depende únicamente de contactos anónimos. Un relevamiento del Observatorio Humanitario de Cruz Roja Argentina, realizado entre 11.421 adolescentes, encontró que el 79% recibía publicidad o contenidos vinculados con apuestas a través de influencers o streamers. Así, la invitación a jugar puede aparecer integrada a los contenidos que consumen todos los días.

La diferencia en los controles

Sagra sostuvo que la distancia entre una plataforma habilitada y otra clandestina se advierte desde el ingreso. Según explicó, las casas legales deben pedir datos personales, DNI y verificar la edad del usuario. En los sitios ilegales, en cambio, “solamente un usuario con contraseña” puede ser suficiente para comenzar a jugar.

Esa facilidad abre una puerta especialmente riesgosa para los menores: pueden acceder sin acreditar su identidad y mover dinero a través de intermediarios. También dificulta saber quién administra la plataforma, dónde opera y ante quién reclamar si el usuario no puede retirar sus fondos.

ESCENA. El interior de un local de Pálpitos, con clientes frente a las terminales y televisores que transmiten distintos eventos deportivos. Foto de Galle Quintana/LA GACETA.

Denuncias y páginas que vuelven

Cuando Pálpitos recibe información sobre una plataforma clandestina, la empresa asegura que presenta una denuncia ante la Caja Popular de Ahorros. “Nosotros tratamos de realizar las denuncias cuando nos llega de algún cajero o algunas personas que andan, más que todo acá en el interior de Tucumán”, explicó Sagra. “Presentamos una denuncia en la Caja con el número de IP y todo para que se realice el bloqueo”, detalló.

El bloqueo, sin embargo, no necesariamente desarma el circuito. “Se vuelven a hacer lo mismo y le cambian solamente el nombre de fantasía”, afirmó. De acuerdo con su relato, una página puede desaparecer y reaparecer con otra identidad, incluso bajo el control de las mismas personas. Por eso consideró que cerrar una dirección web no alcanza si no se identifica también a quienes están detrás.

El papel de los “cajeros”

En esa estructura aparecen los llamados “cajeros”: intermediarios que crean usuarios, reciben transferencias, cargan saldo y pagan eventuales premios. No son simples enlaces técnicos. Su intervención permite que el dinero ingrese y salga de plataformas que operan por fuera de los controles oficiales y acerca la apuesta a barrios, grupos de conocidos y contactos personales.

Sagra los señaló como uno de los eslabones que deberían investigarse. “Siempre aparecen los cajeros, lo de abajo, llámale así”, explicó. Su planteo fue buscar “de dónde nace esto” para intentar “cortarlo de raíz”.

Para el representante de Pálpitos, el problema excede la competencia entre empresas. “Hay mucha gente que no sabe cuál es una página legal y cuál ilegal”, sostuvo. Y advirtió sobre el riesgo para los adolescentes: “Personalmente me preocupa por el tema de que son jóvenes, de que no entienden lo que están jugando y la adicción que se pueden llegar a producir”.

POSTURA. Ignacio Sagra, uno de los referentes de Pálpitos, durante la entrevista con LA GACETA sobre el avance de las apuestas online entre adolescentes en Tucumán. Foto de Analía Jaramillo/LA GACETA.

Una responsabilidad que también alcanza al sector legal

La preocupación por las plataformas clandestinas no exime de responsabilidades a las casas habilitadas. La publicidad de apuestas también circula en transmisiones deportivas, camisetas, redes sociales y contenidos de influencers, ámbitos con una fuerte presencia de niños y adolescentes.

Consultado sobre posibles restricciones para proteger a los menores, Sagra respondió: “Si todo lo que sea para solucionar el tema de la ludopatía adolescente es algo que suma, bienvenido sea”. Luego añadió: “Nos tenemos que hacer cargo todos, cada uno tiene que poner la parte y creo que nosotros también”.

Los estudiantes que participaron del concurso “Territorio Digital: ¿Quién tiene el control?”, organizado por Comfye, ya habían advertido en "Panorama Tucumano" que chicos de los primeros años de secundaria conocían plataformas, hablaban de apuestas y compartían mecanismos para jugar. Sus relatos permiten dimensionar el alcance de un circuito que puede encontrar al adolescente antes de que él mismo decida buscarlo.

Entre las redes sociales, los mensajes privados, los “cajeros” y las páginas que reaparecen con otros nombres, el bloqueo de un sitio es apenas una parte de la respuesta. Identificar a quienes organizan el negocio, controlar el movimiento de dinero y limitar la promoción dirigida a públicos jóvenes son pasos necesarios para que la prohibición de acceso a menores no quede reducida a una advertencia en pantalla.

Esta nota forma parte de una producción especial de LA GACETA sobre las apuestas online entre adolescentes, sus formas de acceso, sus consecuencias y las responsabilidades de las familias, las escuelas, el Estado y las empresas del sector.